Palace Hotel

11, jul 2017

Crítica Gastronómica Club del Mar

El pasado sábado 11 de Julio, el prestigioso crítico gastrónomico Enrique Bellver, publicó su experiencia en el Club de Mar. Su calificación fue de un 8 sobre 10 destacando la cocina y la sala.

“Técnica y un conocimiento del producto marcan esta cocina”

Cristobal Gómez tiene oficio y eso se concreta en cada uno de los platos de la carta del Club de Mar del Hotel Villapadierna. Para conocer el oficio y trayectoria de este jefe de cocina hay que retrotraerse a los tiempos en los que un malagueño, Félix Cabezas, triunfaba en la década de los ochenta con un nuevo con un nuevo concepto de pescadito frito y marisco, me refiero a La Dorada, pues casi todos estos establecimientos se pusieron en marcha en España y fuera de nuestro país estuvieron dirigidos gastronómicamente por Cristóbal. Esas raíces de la cocina marinera malagueña son los que podemos encontrarnos en este Club de Mar, uno de los más exclusivos que tenemos en la Costa del Sol.

Pero, aunque pueda parecernos lo contrario, esa exclusividad no está reñida con unos precios sensatos. Es evidente que comer o cenar al borde mismo de la playa, rodeados de palmeras y una zona verde que aporta frescura, tenga un coste añadido, pero si nos fijamos en los precios de los platos de la carta, la sensatez predomina.

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No obstante y tratándose del beach de un hotel de 5 estrellas, existe un primer apartado de su carta que hace gala al sobrenombre de este establecimiento, “El Bogavante & Caviar House”, aquí nos vamos a encontrar platos como la ensaladilla rusa con bogavante (27€) o un rostí de caviar con patatas juliana y huevos fritos (35€)

Lo mejor en este Club de Mar es abrir boca con una sopa fría de almendras con mojama de atún y coco, plato contundente a la vez que refrescante y donde la combinación de texturas marca la diferencia. Esa misma diferencia de texturas y sabores nos va a inundar el paladar si optamos por un sencillo plato de boquerones y anchoas en aceite de oliva, puerro glaseado y jamón. Valiente la simbiosis que hace Cristóbal entre estos productos. El almuerzo continuó con un carpaccio de pulpo con tartar de tomate y carabineros salteado. Aquí la fuerza del carabinero podía con la del cefalópodo y al final no dejaba de ser un plato muy plano. En cambio, el tartar de atún, muy bien troceado y acompañado de patatas paja y una suave salsa de pistachos, resaltaba por encima de los anteriores entrantes por su fuerza en boca y sabor marino.

Había que probar de manera inexcusable la fritura del jefe de cocina, esa fritura que tanta fama consiguió en otro tiempo. Ala mesa llegaron unos boquerones fritos al limón sin una espina y con un punto de fuego que hacía que cada bocado estuviera crujiente a la vez que muy jugoso por dentro, como debe hacerse un pescado frito. Hay que reconocer que “chapeau” por Cristóbal cuando se pone al frente de una freidura. El siguiente plato de pescado nos iba a dar otra visión del chef, en esta ocasión un plato de la cocina clásica una lubina asada con panaderas y vegetales. Suavidad, cremosidad en la salsa verde y una presentación impecable que todos los comensales hicieron del plato. Otro clásico en esta ocasión del Club de Mar, es el arroz caldoso de bogavante.

Otro aspecto que gustó del almuerzo fue la elección de vinos hecha por el sumiller. Valiente apuesta al empezar con un Botani Muscat, seguir con una solera de Capataz y acabar con un Vino deorras.

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